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Resumen
La contemplación de una idea comienza cuando uno, como ser humano, evidencia alguna situación que concierne tanto personal como colectivamente. En mi caso, desde pequeña quise crear escenarios para mostrar lo que inocentemente iba formando un perfil, la importancia de valorar mi trabajo y el de los demás, de como todos los asuntos de la vida iban adquiriendo características formales, funcionales y de usabilidad. Al crecer, esto se convirtió en un propósito que se fue definiendo a través de estos 5 años de experiencia en el diseño y las oportunidades que brinda el hecho de ser diseñador y entender las necesidades humanas a través de un proceso de creación y de conceptualización de las mismas. Sin embargo, en la búsqueda de esa idea surgió mi necesidad de retomar lo que cuando pequeña era un juego, la experiencia que se traduce en poder mostrar, no solo el producto final, sino todo ese proceso de creación y transformación de la idea que día a día va enriqueciendo a los diseñadores: “Cada nuevo diseño se añade al repertorio personal de cada diseñador y al repertorio general del colectivo del diseño”.¹ Me interesa el diseño que se ocupa de experiencias significativas que se apropien de un entorno a través de la relación entre la percepción sensorial y los recursos simbólicos, entendidos como la red de significados que se han creado durante un proceso que se torna colectivo en el momento de la impresión de huellas dejadas y evidenciadas en esos espacios de exhibición de trabajo, de muestras de un proceso. Para mi es importante encontrar las “formas de testimoniar el paso fugaz por la vida, cómo también la manera de retener la pasión que aquella significó”² y es donde se refleja un espacio, en el que exhibir se vuelve más que pretender mostrar algo en público.
