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El conflicto, callejón con salida

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2003

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Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo

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Debo darles fe de una constatación personal: Colombia es un país que no se resigna. Muchos quizá no lo perciban. Pero créanme: aquí hay más solidaridad que barbarie; más imaginación que rabia, y más resistencia a la guerra que desconfianza en la paz. También hay mucha tenacidad, confianza y, sobre todo, esperanza, a pesar del sufrimiento, las evidencias de la violencia y los desencantos que nos afectan día tras día. Lo expresan por igual empresarios, políticos, gobernantes, líderes sociales, defensores de derechos humanos, periodistas, investigadores, religiosos, diplomáticos, y hasta los que siguen combatiendo. Y aunque haya divergencias o matices en las interpretaciones, prioridades, procedimientos, percepciones de sus roles y de sus sueños a largo plazo, el objetivo es el mismo: vivir en paz, con todo lo que supone. Si la construcción de la paz es un sueño compartido, no hay obstáculos insalvables. La paz sería imposible si nadie trabajara por ella. Pero en Colombia son muchos: la prueba reina es este Informe Nacional de Desarrollo Humano. Este instrumento es como una carta de navegación inédita para “ser más padres y madres de nuestro porvenir que hijos e hijas de nuestro pasado”, habría dicho Unamuno. Hablo en plural: la construcción de la paz la hemos asumido como propia desde el pnud y todo el Sistema de Naciones Unidas en Colombia, con el concurso decidido de la comunidad internacional y, muy especialmente, de la Agencia Sueca de Desarrollo Internacional (Asdi). Como toda buena carta de navegación, el Informe no tiene una sola ruta. Hay opciones simples y complejas; trazados cortos y de largo aliento, y zonas de alta seguridad y mucho riesgo. En todo caso, nadie puede leerlo acertadamente sin renunciar a supuestos, prejuicios, intereses, emociones o ideologías. Se trata de un esfuerzo razonado por entender, llamar las cosas por su nombre y tomar la decisión de cambiarlas, con opciones distintas a la confrontación bélica y complementaria a las negociaciones de paz. Es mucho lo que recogió este Informe de las experiencias, el pragmatismo, la necesidad de sobrevivir y la imaginación creadora de cerca de cuatro mil personas consultadas durante poco más de un año. Entre ellos se destacan líderes campesinos e indígenas, expertos nacionales e internacionales, alcaldes, gobernadores, funcionarios de gobierno, académicos, desmovilizados, empresarios e, incluso, las propias víctimas. Se ha dicho que la esperanza no es la convicción de que las cosas saldrán bien, sino la certidumbre de que algo tiene sentido. Esa convicción nos asiste frente al Informe Nacional de Desarrollo Humano que presenta opciones para superar el conflicto armado. Desde ahora, no habrá excusas para verlo a colores por televisión sin tener el sentimiento de que, a pesar del dolor cotidiano, los colombianos sabrán construir la paz con ahínco, determinación y esperanza porque, como lo expresa la carátula del texto, El conflicto colombiano es un callejón con salida.

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Líderes sociales, Solidaridad, Violencia, Derechos humanos, Conflicto armado, Negociaciones de paz

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